Los accidentes en el hogar son frecuentes, especialmente en los niños menores de 5 años y sobre todo los comprendidos entre 1 y 3 años de edad. Por orden de frecuencia los más frecuentes son las caídas o golpes, seguido de quemaduras e intoxicaciones. Otros accidentes son menos frecuentes pero pueden revestir gravedad, como el atragantamiento con alimentos u objetos. Golpes y caídas. La gravedad depende de la violencia del impacto. Pueden producirse por caídas o contusiones directas. La zona más frecuente suele ser en la cabeza. ¿Qué hacer inmediatamente?

Aunque la lesión no sea importante, en caso de hinchazón y/o dolor se debe administrar preferentemente un antiinflamatorio (ibuprofeno) o un analgésico (paracetamol). Ambos a las dosis adecuadas según el peso del niño.

Si hay hinchazón (no herida abierta):

– Aplicar frío localmente (hielo o bolsas frías) lo más pronto posible (nunca directamente, cubrirlo con una bolsa de plástico o toalla) al menos durante 10 minutos (cada 2-3 minutos retirar un rato) y mantener la zona en alto.

– Si se aprecia una deformidad de la zona, con dolor importante al mínimo movimiento, se tratará de mover lo menos posible y se acudirá a un centro médico.

– Tras un golpe en la cabeza poco importante se debe realizar una vigilancia domiciliaria estrecha durante 24 horas, incluso despertándole por la noche. Es normal que continúe un poco asustado, que tenga algún vómito esporádico o que se queje de dolor de cabeza ligero.

Si hay herida abierta:

– Limpiar bien la herida con agua o suero fisiológico estéril “a chorro”. – Si persiste la hemorragia: presionar la zona con gasas estériles hasta cortarla.

– Si la herida es superficial, aplicar un antiséptico local (soluciones iodadas, merbromina, clorhexidina).

¿Cuándo acudir a un centro médico?

Tras un golpe en las extremidades se debe consultar si:

– Hinchazón o moratones que dificulten el movimiento y no mejoran pasados unos minutos.

– Imposibilidad para movilizar la parte afectada. Tras un golpe en la cabeza, si aparece: – Dolor de cabeza, nerviosismo o llanto intensos y persistentes.

– Vómitos continuos varias horas después del golpe. – Salida de sangre o de un líquido claro por los orificios nasales o por los oídos.

– Si está desorientado, confuso, no conoce a los familiares próximos, no sabe donde está…

– Alteración del equilibrio, de la forma de andar, de la visión o de la forma de hablar…

– Movimientos extraños, incapacidad para moverse o pérdida de fuerza de manos o piernas.

Intoxicaciones.

Las intoxicaciones más frecuentes se producen, de forma involuntaria, sobre todo con niños entre 1 y 3 años, debido a su gran afán “investigador”.

¿Qué hacer inmediatamente?

– Conserve la tranquilidad. En la gran mayoría de las ocasiones, la cantidad de una medicación o producto doméstico ingerida por un niño no le provocará ningún problema.

– Tenga cautela con los consejos de otros familiares, amigos o vecinos: no siempre es bueno provocar el vómito o darle la leche al niño.

– Lea la etiqueta del producto, donde aparecen información sobre su composición, grado de toxicidad y medidas básicas a seguir.

– Llame al Centro Nacional de Toxicología y siga sus indicaciones.

¿Cuándo acudir a un centro médico?

Si el niño se encuentra mal acuda al Servicio de Urgencias Hospitalario (9105620420) o llame al 112.

Quemaduras.

Las quemaduras más frecuentes en los niños pequeños, se producen en el hogar, sobre todo en el baño y la cocina, pero también pueden producirse por la plancha, horno y calefacciones, el fuego de la chimenea y los enchufes.

Suelen producirse por líquidos calientes, agua o alimentos. La profundidad y la gravedad de la quemadura depende del tiempo de exposición al calor y de la temperatura del líquido u objeto caliente.

¿Qué hacer inmediatamente?

– Refrescar inmediatamente la zona quemada incluso por encima de la ropa. – No quitar ninguna prende de vestir que esté adherida a la piel.

– Lavar con agua fresca y colocar compresas húmedas sobre la superficie quemada. – Administrar un analgésico habitual: ibuprofeno o paracetamol.

– En quemaduras de primer grado, aplicar una pomada específica de quemaduras (Silvederma, Flamamazine). No usar remedios caseros.

¿Cuándo acudir a un centro médico?

En quemaduras de 2º o 3º grado, consultar en un centro médico.

Atragantamiento por cuerpo extraño.

Es la entrada de cualquier objeto en el aparato digestivo o respiratorio. Es muy frecuente en niños menores de 5 años. Los objetos introducidos más frecuentemente son: frutos secos, las piezas de juguetes, tapones de botellas, monedas y materiales de juego.

¿Qué es?

En los niños pequeños las alergias a los alimentos son frecuentes porque es la etapa de la vida en la que estos se ponen en contacto por primera vez con el organismo. La alergia a la proteína de la leche de vaca es una de las más habituales porque es el alimento que el lactante recibe de forma habitual y en mayor cantidad. Otros alimentos que producen con frecuencia alergia son: el huevo, el pescado, y las legumbres, aunque cualquier alimento, puede desencadenar una reacción alérgica.

¿Qué síntomas produce?

Los síntomas pueden aparecer la primera vez que se toma el alimento o después de unos días de haber introducido el mismo. En el caso de la alergia a la proteína de la leche de vaca el niño presenta enrojecimiento o lesiones en la piel alrededor de la boca o en la cara. Las lesiones pueden extenderse al resto del cuerpo pudiendo acompañarse de llanto, inquietud o irritabilidad y de otros síntomas, como vómitos o diarrea. También puede aparecer tos, dificultad para respirar e hinchazón de los labios, ojos, manos y pies. Estos síntomas son similares en las alergias a otros alimentos.

¿Cómo se diagnostica?

Los síntomas que presenta el niño tras la toma del alimento son claves para hacer el diagnóstico. Sin embargo, es necesario demostrar que realmente se trata de una alergia, mediante estudios, análisis de sangre o pruebas en la piel, que solicitará y supervisará el pediatra o el especialista (gastroenterólogo o alergólogo pediátrico).

Consejos para los niños con alergia a la proteína de la leche de vaca.

El tratamiento consiste en la eliminación del alimento que causa la alergia, de la alimentación del niño. Si el niño recibe lactancia materna debe mantenerse, disminuyendo o eliminando la ingesta de productos lácteos por parte de la madre, y siempre bajo supervisión médica. Si el bebé toma una fórmula infantil deberá recibir leches infantiles especiales para el tratamiento de la alergia a la proteína de la leche de vaca.

La eliminación del alimento requiere una supervisión continua por parte de los padres y de todas las personas que cuiden al niño, puesto que muchos preparados comerciales contienen leche o derivados de la leche. Se debe leer cuidadosamente la etiqueta de los mismos, y no administrarlos nunca si existe la mínima duda sobre su composición.

-El gastroenterólogo o el alergólogo proporcionará un listado de alimentos permitidos y prohibidos.

-Evita aquellos productos de los que no tengas la certeza de que no contengan alimentos que puedan producir alergia.Hay que ser cuidadosos cuando se está preparando la comida o cuando el niño esté con sus hermanos para que no haya descuidos que permitan el contacto con el alimento. No dejes nunca a su alcance los alimentos que puedan ocasionarle la alergia. Cuando llegue el momento de introducir la alimentación complementaria, es aconsejable consultar al pediatra antes de dar al bebé cualquier alimento, teniendo en cuenta que -La primera vez, debes introducir el nuevo alimento en pequeñas cantidades.

-Debes hacerlo uno a uno, para que en caso de que se produzcan nuevas reacciones alérgicas, poder identificar cuál es el alimento que lo provoca.

-Introduce sólo los alimentos cuando el bebé se encuentre bien. Debes informar a la guardería o colegio de la alergia del niño y darles instrucciones sobre la alimentación.

Estos consejos son orientativos. No olvides que para cualquier cambio en la alimentación de tu bebé debes seguir siempre las indicaciones del pediatra. La lactancia materna es el alimento ideal; en caso de que ésta no sea posible sigue las recomendaciones del profesional sanitario.

La fiebre y el dolor son dos motivos muy frecuentes en las consultas de pediatría. Si bien pueden presentarse por separado, es muy habitual que muchos procesos que aquejan a los niños les produzcan fiebre y dolor a la vez. Como ejemplos frecuentes tenemos las otitis o las faringoamigdalitis. ¿Por qué se produce fiebre y/o dolor en los niños? La fiebre es un mecanismo de defensa del organismo que generalmente aparece cuando se padece una infección, aunque también obedece a otras causas, como por ejemplo, deshidratación o intoxicación. El dolor es una sensación desagradable que habitualmente es consecuencia de una inflamación o irritación de alguna parte del cuerpo. La sensación de dolor no sólo depende de la intensidad de la causa que lo produce sino que cada paciente puede experimentar el dolor de forma diferente.

¿Qué tipo de medicamentos podemos utilizar para tratar el dolor y/o la fiebre?

Los medicamentos que habitualmente se recetan son los denominados antitérmicos y analgésicos. Un fármaco antitérmico es aquel que es capaz de producir un descenso de la temperatura corporal (bajar la fiebre). Un fármaco analgésico tiene la propiedad de disminuir la sensación de dolor del paciente. Como ya se ha dicho, en muchas ocasiones fiebre y dolor se presentan a la vez por ello tienen gran utilidad los fármacos con propiedades antitérmicas y analgésicas. ¿Cuáles son los fármacos más utilizados para combatir la fiebre y el dolor en pediatría? En la actualidad, el paracetamol y el ibuprofeno son los medicamentos más utilizados para este fin. Ambos presentan la gran ventaja de ser a la vez antitérmicos y analgésicos. El ácido acetilsalicílico no debe emplearse con este objetivo en pacientes menores de 16 años.

¿Qué características tiene el paracetamol?

El paracetamol es un excelente antitérmico y aunque no tiene efecto antiinflamatorio, es eficaz para el tratamiento del dolor de intensidad leve-moderado. Se tolera bien por vía oral (puede mezclarse con líquidos de sabor agradable) y por esta vía se administra entre 4 y 6 veces al día según la edad del niño. Su efecto aparece al cabo de una hora y es máximo entre las 3 y 4 horas. Es un fármaco seguro con muy pocos efectos secundarios y únicamente debe vigilarse estrechamente su prescripción en pacientes con problemas de hígado. Debido a sus excelentes propiedades se encuentra prácticamente en todos los hogares y por ello hay que vigilar la posible gesta accidental por parte de los niños. Las presentaciones con cierre de seguridad son de gran utilidad para evitar este tipo de accidentes.

¿Qué características tiene el ibuprofeno?

El ibuprofeno es también un excelente antitérmico a lo que se añade un importante efecto antiinflamatorio y analgésico que lo convierte en un medicamento muy útil cuando en el cuadro del niño existe dolor secundario a algún tipo de proceso inflamatorio se acompañe o no de fiebre y ante procesos traumáticos menores (golpes, caídas…). Puede administrarse a partir de los 3 meses de edad y también se debe tomas cada 6 ó 8 horas. Su efecto se inicia al cabo de una hora y es máximo, como el paracetamol, entre la tercera y la cuarta hora. Su seguridad es también alta, aunque deben tomarlo con precaución los pacientes con problemas de estómago o riñón.

– La fiebre y el dolor deben tratarse siempre que produzcan incomodidad al niño.

– Los medicamentos con propiedades antitérmicas y analgésicas son los más útiles.

– En pediatría, el paracetamol y el ibuprofeno son los antitérmicos/analgésicos más recomendables y seguros.

– La indicación de su administración y dosificación debe ser realizada por un profesional sanitario.

– La dosis a administrar depende del peso del niño. Las dosificaciones bajas son la principal causa de que se produzca “poco efecto”.

– No está demostrado que alternar ambos fármacos (paracetamol e ibuprofeno) en el mismo proceso produzca un mayor efecto y en cambio puede producirse algún efecto secundario.

– No olvide mantener los medicamentos fuera del alcance de los niños y utilice con preferencia presentaciones con cierre de seguridad.

No exponer al sol a los menores de 6 meses.

Evitar en todos los casos el sol fuerte desde 12 horas hasta las 18 horas.

Utilizar un protector solar con factor superior al 15.

Renovar la crema cada 2 horas y ponérsela media hora antes del comienzo de la exposición al sol.

La sombra no garantiza una protección total, utilizar además sombrilla o parasol. Aumentar las precauciones los primeros días de exposición solar.

Ponerles gorra y camiseta a los más pequeños sobre todos los primeros días.

Darles de beber agua o zumos abundante y frecuentemente.

Aplicarles, después de un baño, crema hidratante al regresar a la casa.

El efecto perjudicial del sol es acumulativo, por ello es importante evitar las quemaduras durante la infancia.

¿Por qué nos mareamos al viajar?

El mareo es una sensación de pérdida del equilibrio, generalmente acompañada de ganas de vomitar. El equilibrio se mantiene por la acción de diferentes sistemas – vista, oído, huesos y músculos-, que trasmiten información sobre nuestra posición hasta el cerebro, donde se encuentra el órgano del equilibrio. Éste se encarga de procesar toda la información recibida y nos ayuda a mantenernos en nuestra posición normal.

Síntomas

El mareo suele comenzar con una sensación “rara”, de vacío en el estómago o de vértigo. Si el efecto del movimiento continúa y el cerebro no se adapta, los síntomas progresan a sudación, bostezos, lloros (en niños pequeños), salivación, palidez, nauseas y finalmente vómitos. El mareo se produce cuando la información recibida en el órgano del equilibrio desde los diferentes sistemas (vista, oído, sistema osteomuscular) no concuerda. Es decir, la vista envía una sensación de movimiento que no se corresponde con la que proviene del oído ni con la sensación de posición de nuestro cuerpo. Esta sensación se produce durante los viajes y puede darse con cualquier medio de locomoción (barco, avión…). Suele ser más frecuente en niños (desde los 2 años hasta la adolescencia) y en las mujeres.

¿Cómo se trata el mareo?

Lo más importante es la prevención. Por ello, en los niños que tienen mayor facilidad para el mareo, deberemos seguir unas normas preventivas:

– Comida: evite los productos lácteos, los muy ricos en proteínas y en grasas. Déle comidas ligeras y que no pase más de 3 horas sin comer. El hambre parece acentuar la sensación de mareo. Masticar galletas secas tipo “cracker” puede ayudar a limitar las náuseas.

– Aumente la ventilación y la exposición al aire fresco. Procure mantener una temperatura agradable dentro del coche. Evite los olores desagradables y el humo del tabaco.

– Intente distraer al niño, cantando, oyendo música o con juegos de adivinanzas que le hagan mirar el paisaje por la ventana delantera. Impida que fije la vista en libros o juegos de bolsillo.

– Evite la conducción brusca y los trayectos muy largos sin parar.

– Para prevenir los mareos se recomienda situarse en la parte más central del vehículo (coche, barco, avión).

– El niño debe ir sentado mirando hacia delante. No le permita moverse por el coche. (Por razones de seguridad, el niño debe ir siempre sentado en la parte de atrás del coche en una silla homologada o con el cinturón abrochado y no debe moverse, aunque no se maree. Los niños menores de 12 años no deben viajar en el asiento delantero.)

– Si a pesar de todo sigue mareado, pare el coche y que el niño se eche con los ojos cerrados unos minutos. Una toalla húmeda en la frente y mucho cariño mejoran los síntomas.

– En cualquier caso, siempre es bueno tener a mano una bolsa y ropa de recambio, junto con un poco de paciencia y ternura con el vomitador involuntario.

Otra parte de la prevención es el empleo de medicinas contra el mareo. Pueden administrarse en forma de pastillas (en niños mayores de 6 años) o en forma de jarabe en los más pequeños. Hay que administrarlos media hora antes de iniciar el viaje. Aunque no necesitan receta médica, su pediatra puede aconsejarle en la administración de los mismos y la dosis recomendada.

El control de esfínteres, y por lo tanto, y el abandono de los pañales, es uno de los momentos del desarrollo del niño que más preocupa a los padres; ya que no saben cómo enseñar al niño el control ni valorar si son demasiado tolerantes o estrictos a la hora de exigir al niño dicho control. El control de esfínteres dependerá de la edad de cada niño y de su nivel de desarrollo intelectual y motriz, así como de las posibilidades de aprendizaje que le hayan ofrecido los padres. Para que el niño aprenda a controlar esfínteres debe ser capaz de reconocer las señales de su cuerpo que le indican la necesidad de eliminar, controlar dichas señales hasta llegar al baño, desvestirse y colocarse en la posición adecuada. Todo esto se consigue entre los 2 y 3 años con un amplio margen de normalidad. Los padres deben tener paciencia y no deben forzar los cambios. La mayoría de niños controlan sus esfínteres dentro de la edad normal.

¿CÓMO EMPEZAR LA ENSEÑANZA DEL CONTROL DE ESFÍNTERES?

Enseñar al niño a reconocer y nombrar las partes del cuerpo, en especial aquellas que están relacionadas con la eliminación de la orina y las heces. Así como el vocabulario necesario para expresar sus necesidades: caca, pipí, váter, etc. Ayudar al niño a tener conciencia de sus necesidades y de la diferencia entre ir sucio o limpio. Así cuando apreciemos en él alguna señal de que necesita ir al baño es bueno preguntarle: “ ¿Te estás haciendo caca?” “¿Tienes ganas de hacer pipí?”. Y cuando le estemos lavando le diremos: “Irás más cómodo cuando vayas limpio”.

No reñirle ni recriminarle nunca por haberse hecho pipí o caca sin avisar. En cambio, hay que alabar, gratificar o premiar al niño cada vez que de un paso positivo en el control de esfínteres. Por ejemplo, le felicitaremos cuando nos comunique que se ha hecho pipí o caca en el pañal; más tarde, cuando empecemos a sentarlo en el váter alabaremos el que haya conseguido estar un rato sentado, y por último cuando consiga hacer pipí o caca en el váter le felicitaremos de nuevo igual que cuando consiga pasar las noches sin mojar la cama. Hay dos premisas a tener en cuenta: para facilitar el control de esfínteres es bueno vestir al niño con ropa cómoda, de forma que él pueda bajarse los pantalones solo. Asimismo, para evitar el miedo a caerse por el agujero del váter, se recomienda comprar un váter pequeño o bien un adaptador para el asiento.

Para el control intestinal se debe animar al niño a sentarse en el váter durante unos 5 minutos dos veces al día. Una vez por la mañana, después de desayunar, ya que es la hora en que se inician los movimientos intestinales; la segunda vez por la noche, antes de acostarse. Para conseguir que permanezca sentado esos 5 minutos los padres le proporcionaran cuentos o juguetes para distraerse. Se debe felicitar al niño por haber conseguido permanecer sentado y, desde luego, por haber conseguido hacer pipí o caca. Nunca hay que reñirle por no haberlo conseguido, ni se debe forzar el tiempo de permanencia. Para el control vesical diurno deberemos intentar que el niño se siente cada 2 horas en el váter. Y de nuevo felicitarlo si consigue hacer pipí. Para el control vesical nocturno debemos gratificar intensamente las noches secas e ignorar las noches en que no ha habido control, puesto que éste no depende de la voluntad del niño.

Es una buena idea utilizar algún tipo de calendario en el que el niño pueda ver de forma gráfica sus éxitos o fracasos; por ejemplo, un calendario en que los días en que el niño no ha mojado la cama se represente con un sol y los días que sí a mojado la cama se representen con nubes y lluvia. Enuresis nocturna: si el niño no ha conseguido controlar sus pipís nocturnos después de los 6 años será necesario consultar con el pediatra la conveniencia de iniciar un tratamiento contra la enuresis nocturna. Encopresis: Si el niño no consigue controlar sus intestinos será también conveniente consultarlo con el pediatra, de forma que éste valore si es necesario modificar la dieta o utilizar algún laxante para favorecer la eliminación dentro de un horario regular.

¿Qué son?

Durante los primeros 4-5 meses puede ser que los lactantes lloren de forma inconsolable sin que sea debido a ninguna causa en concreta. Las principales características de los cólicos del lactante son las siguientes: – Llanto inconsolable: el niño llora más de 3 horas al día, aunque no sea diariamente pero por lo menos 2 ó 3 veces por semana.

– Encogimiento de las piernas sobre el abdomen.

– Piel enrojecida.

– Vientre hinchado.

Los cólicos del lactante suelen iniciarse en las primeras semanas de vida y cesan a los 4 ó 5 meses de forma espontánea. Son bastante frecuentes, ya que por cada 10 lactantes los padecen aproximadamente 3 ó 4 bebés.

¿Cuáles son sus causas?

No se conocen exactamente las causas. Sin embargo, se han propuesto diversos factores que puede favorecer su aparición:

– Inmadurez digestiva debido a que la actividad de las enzimas que intervienen en la digestión no están totalmente desarrolladas.

– Intolerancia a las proteínas de la leche de vaca.

– Ansiedad de los padres y estrés familiar.

A veces se suele relacionar el llanto con los gases pero en realidad es al revés: con el llanto se favorece una mayor entrada de aire en el estómago y por lo tanto hay una mayor producción de gases.

¿Qué hacer?

Una vez diagnosticados que los llantos se deben a los cólicos, conviene no perder la calma y ser concientes de que se trata de un trastorno leve y pasajero. Hay que procurar calmarlo de la mejor manera posible. Así, para tranquilizarlo se le puede mecer en la cuna, tomarlo en brazos, cantarle una nana, darle masajes en el vientre o pasearlo en un cochecito.

El pediatra indicará si conviene cambiarle su alimentación. En la actualidad se ha observado que la utilización de una leche infantil elaborada a partir de proteínas parcialmente hidrolizadas y con un contenido reducido de lactosa puede ser útil, ya que responde a las insuficiencias transitorias de la función digestiva que se suele dar en los primeros meses de vida.

1. Temperatura ambiental y humedad ambiental Evitar temperaturas ambientales elevadas, el calor y la sequedad ambiental aumentan la irritación y el picor (ideal: temperaturas inferiores a 20º con humedad ambiental del 50%). Asegurar una correcta aireación de las habitaciones de la casa. Las calefacciones por aire caliente pueden ser un factor agravante importante. El polvo es un enemigo importante de la dermatitis atópica, se evitará en la decoración de la casa todo aquello que lo acumule.

2. Exposición solar Suele resultar beneficiosa en la dermatitis atópica, pero debe evitarse siempre la quemadura solar. Algunos pacientes tienen mala tolerancia al sol e incluso pueden sufrir agravamiento de sus lesiones. Asegurar una adecuada fotoprotección solar.

3. Ropa Elegir preferentemente ropa de algodón y evitar todo lo que sea áspero y los tejidos sintéticos, que acentúan la irritación. Evitar el contacto directo de la piel con la lana, plásticos, gomas, etc. La tolerancia de las fibras sintéticas es muy variable y deberá evaluarse en cada caso. Si está en edad de uso de pañales, cambiarlos a menudo. La ropa puede lavarse en máquina con un jabón NO detergente (jabón para ropas delicadas), asegurando un aclarado adecuado y evitando el uso de suavizantes. Deben retirarse las etiquetas. Evitar el uso de ropa de abrigo excesiva, la sudoración suele aumentar el picor. El calzado debe ser de cuero o tela y tiene que estar bien aireado. Es conveniente evitar el uso prolongado de calzado deportivo.

4. Alimentos En general, no existe ningún régimen particularmente indicado, salvo que se haya demostrado que el niño/a sea alérgico a algún alimento, mediante test de provocación. Algunos alimentos ácidos (p. ej. Cítricos, tomate) pueden irritar la piel de los pacientes atópicos al ingerirlos o manipularlos. Algunos alimentos, por su contenido en histamina o por liberar esta sustancia, sobre todo si se consumen en grandes cantidades (p. ej. Fresas, marisco), pueden desencadenar también prurito. Es conveniente no ingerir salazones, picantes y alimentos con muchas especias. Exceptuando estas circunstancias, no es necesario efectuar restricciones dietéticas en la dermatitis atópica.

5. Vacunas Los niños con dermatitis atópica deben recibir el calendario vacunal completo y a su debido tiempo, si no existen otras contraindicaciones. Se debe recomendar la vacunación de varicela a partir de los 12 meses.

6. Higiene Se pueden alternar las duchas y baños cortos. Para la higiene diaria utilizar un gel dermatológico sin jabón que limpie la piel con suavidad sin agredirla y en los baños aceites o avena coloidal. La temperatura del agua no ha de ser superior a 32-33º. Secar cuidadosamente al niño después, sin frotar. Cortar y limpiar las uñas para evitar posibles infecciones a causa de las lesiones originadas por el rascado.

7. Emolientes La aplicación una o varias veces al día de una crema emoliente (“hidratante”) en todo el cuerpo es una medida esencial en el tratamiento de la dermatitis atópica. El momento más adecuado para aplicar la crema es inmediatamente (antes de los 3 minutos) tras la ducha o el baño. Las sustancias irritantes deben también ser evitadas. Pero no sólo los detergentes, pues algunas sustancias utilizadas como hidratantes de la piel pueden ser irritantes para la piel del sujeto atópico (es el caso del ácido láctico, el propilenglicol y la urea).

8. Deportes El niño puede bañarse en la piscina o en el mar. Antes del baño sobreengrasar la piel y después del baño aclararlo con agua dulce y volver a sobreengrasar la piel para atenuar el efecto irritativo del agua de la piscina. Los baños con agua de mar suelen ser beneficiosos. Dado que el sudor en un irritante, debe ducharse después de la práctica deportiva e hidratar la piel limpia. Es crucial controlar el picor, su pediatra la recomendará un tratamiento oral con un antihistamínico para evitarlo si es necesario y le pondrá una pauta por escrito con una “crema” de tratamiento para brotes. Con frecuencia, la piel de los niños con dermatitis atópica se infecta. Así, si tiene zonas rojas, húmedas, con costras es probable que esté infectada. Consulte a su pediatra o dermatólogo. Pacientes y familiares deben tener en cuenta que el estrés emocional incrementa el picor.

La dermatitis seborreica se caracteriza por ser una erupción eritematosa (la pi